El Museo de la Revolución de León, Nicaragua

Cuando Llegué a León, una de las cosas que quería hacer era visitar el Museo de la revolución, quizás por los recuerdos que tenía de pequeña, muy dispersos, de haber visto en el telediario noticias sobre los sandinistas… pero a penas conocía nada, así que fue una grata visita pues quién me explicó todo el contenido fue un exguerrillero.

Entrada del Museo de la Revolución

Entrada del Museo de la Revolución

 
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El Museo en sí a penas está ordenado y está lleno de recortes de periódicos de la época, fotos y piezas. Lo que realmente es importante es la experiencia que te trasmite el guía y sobre todo el sentimiento.El sentimiento permanece vivo, para mí eso es lo importante.

La situación del museo es muy curiosa,e incluso paradójica, pues está situado en el mejor sitio de la ciudad, en la plaza de la catedral, en un edificio descuidado que en su época tubo que ser muy importante, de estilo colonial.

 

 
Vistas des del Museo a la Catedral de León

Vistas des del Museo a la Catedral de León

 
Para mí es muy importante lo que vi, pues un pueblo jamas tiene que olvidar su historia, sinó está condenado a repetirla (eso dijo algún sabio)… León siempre fue la liberal, luchadora,obrera ciudad de Nicaragua y sigue siendo la universitaria y revolucionaria; mientras que a 100 Km. está Granada, la “sultana” conservadora.



Para poder entender mejor la historia de León, unos datos de el General Augusro C.Sandino (1893-1934)que fue el héroe nacional que combatió con su ejército de obreros y campesinos para luchar contra el imperialismo- capitalismo (que se respira por toda centro américa) de los Estados Unidos.

Te dejo el texto entero de https://vianica.com/sp/go/specials/15-la-revolucion-sandinista-nicaragua.html,  si tienes unos minutos vale la pena, si no quieres leer baja con el ratón y verás fotos del museo.
“Sandino y su “pequeño ejército loco”, a como lo llamó con ternura la escritora chilena Gabriela Mistral, combatió a los marines estadounidense en las montañas de las Segovias, al norte del país. Sus tácticas fueron eficaces, a tal punto que a pesar de la desigualdad numérica y tecnológica armamentista, nunca pudieron ser eliminados por los soldados extranjeros. Los marines, finalmente, salieron del país, dejando en su lugar a un ejército nicaragüense adiestrado que más tarde pasaría a conocerse como la Guardia Nacional, dirigida por un militar nacional entrenado en Estados Unidos: Anastasio Somoza García, conocido como “Tacho”.
Tras la retirada de los marines, Sandino quiso negociar la paz y la reinserción de sus soldados a la vida civil, con garantías. Fue llamado a negociar por el presidente de entonces, José María Moncada, y por Somoza, pero fue traicionado, capturado y finalmente ejecutado por orden de los mismos. La ubicación del cuerpo del héroe sigue siendo una incógnita hasta estos días.
Con el tiempo y astucia política, Somoza García llegó al poder en 1937. Su alianza incondicional con los Estados Unidos (con quienes hacía jugosas negociaciones a costas del país entero), y su completo manejo de la Guardia Nacional, le garantizaron un “reinado” totalitario, en el que los contrarios políticos eran controlados a base de terror, y algunas veces ejecuciones masivas. Sin embargo, en Septiembre de 1956, Rigoberto López Pérez, un joven poeta leonés, sacrificó su vida al dispararle al dictador en una fiesta social que se realizaba en aquella ciudad. Rigoberto fue masacrado in situ. Somoza sobrevivió a las balas, pero murió más tarde en un hospital panameño a donde había sido trasladado de emergencia.
La presidencia pasó a ser ocupada por el hijo mayor, Luís Somoza, mientras la Guardia Nacional era dirigida ya por el menor, “Tachito”, Anastasio Somoza Debayle (entrenado militarmente en Estados Unidos como su padre), quien desató a la muerte del patriarca una ola de cruel represión en León, contra quienes considerara enemigos políticos.
En 1967 Luís Somoza Debayle ocupaba aún la presidencia (aunque no gobernó durante 11 años, sino que alternó el poder con otro político de la época), pero murió repentinamente. Tras el gobierno de un presidente títere, “Tachito”, su hermano menor, venció en elecciones nacionales e instauró nuevamente un régimen dictatorial represivo y devorador.
Aunque su padre se había hecho de muchas propiedades, empresas e industrias que pasaron a ser suyas y de su familia, Somoza Debayle continuó la acumulación indiscriminada de riquezas. A finales de 1972, cuando un terremoto devastó la ciudad de Managua, gran parte de la ayuda humanitaria enviada por países y organizaciones benévolas fue desviada a las bodegas del dictador para luego ser comercializadas, y las licitaciones para la reconstrucción de la ciudad pagada por el erario público y la ayuda internacional, eran ganadas por las empresas de Somoza y sus aliados.
El malestar social aumentaba, pero la Guardia Nacional sabía someter con fuerza cualquier manifestación pública, y sabía torturar o ejecutar a opositores políticos y población en general.”
Sala del Museo

Sala del Museo

Salas con fotos y recortes de la época, sala con fotografías de desaparecidos...

Salas con fotos y recortes de la época, sala con fotografías de desaparecidos…

Como anécdota, el guía que me hizo la visita me dijo que aquel edificio, que en su día les fue dado para este museo, lo estaban luchando para quedárselo los descendientes de Somoza para construir un hotel de lujo, lo que es la vida!

Fotografías de la época:

Esta última foto la hice en le patio del museo, allí se reúnen excombatientes, ofreciéndote conversaciones que te transportan a una guerra, que como todas no deberían de pasar.
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Me despido de tí por hoy, con una poesía del nicaragüense Rubén Dario, espero te guste:

Lo fatal
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…
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